Percepciones

Por Esteban Eliaszevich

Percepciones

A la naturaleza…

“Ante la mente embriagada de los objetos presentes y de la bulliciosa danza de las cosas efímeras, el sobrio espectáculo de los objetos que perduran”.

(William Wordsworth, 1777-1850, Poeta Inglés).

 

El Viajero recorre sitios a los que otros medios ni llegan, como el PN Torres del Paine. Y no los vende, los comparte, porque predisponen el alma de manera especial, pagando con creces la visita.

Destinos como este, donde se impone la naturaleza y sobresalen sus paisajes, tiene efectos benéficos ya que testimonian salubridad, pureza y persistencia.

Sus escenas, simples y reales, sugieren valores; montaña (vigor), lago (calma) o bosque (silencio), que influyen y conmueven el ánimo del observador. Trastocan la actitud, modificando liviandad por verdad. Para conocer y reconocerse.

Arnold Wolf y Emma Muller son un joven matrimonio alemán, de Leipzig. Viajaron por Argentina, y los crucé yendo a Chile. Iban equipados con vestimentas y complementos como para no sufrir adversidad alguna en la travesía. Sin embargo, Emma, no pudo con el malestar que le provocó trasladarse en el micro que llevaba de El Calafate a Puerto Natales. Bajo a vomitar en más de una ocasión. Su rostro, pálido de por sí, estaba más blanco que la leche. Logro calmarse cuando arribamos.

Encontré a la pareja teutona a los pocos días, cerca del Lago Nordeskjöld. Se los veía bien. Nos saludamos, y aproveché a preguntar, tras charlar sobre las maravillas del PN Torres del Paine, que había pasado aquél día. Arnold, en inglés cerrado, dijo que Emma sufre cuando viaja en ómnibus y que además estaba molesta porque no compró unas artesanías que quería para regalar en El Calafate.

Ella miró asintiendo, y nos dedicamos a contemplar. Apunté en mi libreta: “El virtuoso macizo del Paine emerge de la tierra, como una gran fogata solidificada. Sorprende la fuerza que transmite en sus relieves, dimensiones y colores. Los sugerentes cuernos se cimientan sobre una medialuna granítica, y las elegantes torres se acodan junto al cielo. A su alrededor lo decoran lagos serenos, que se consolidan, y desnudan en cyan, topacio, esmeralda o zafiro. Son joyas colgadas al cuello de las montañas. Los enérgicos ríos saltan y corren, buscando salida al mar, abriendo a su paso valles generosos. Estridentes glaciares se cuelgan y deslizan entre cerros, dejando su mancha celeste. Inertes lagunas reciben aves en su lecho, que llenan combustible para remontar vuelo. La estoica fauna se pasea a sus anchas, distribuida como auténtica dueña del territorio. Un cóndor planea, flamencos tiñen de rosa las lagunas, un par de guanacos intentan aparearse, y unos zorros se esconden. Emma, mira y disfruta, llevándose algo que no se compra; felicidad por enriquecerse con la belleza de lo perdurable.